martes, 14 de septiembre de 2010

Cronicas Japonesas VII


Las tradiciones y costumbres a veces provocan extrañas e incluso aterradoras situaciones. Fuera del glamour de los hoteles capsula que vemos en las sensacionalistas noticias de algunos informativos españoles esto es más bien un hotel “nicho”, si, nicho, pues realmente son nichos, como los que usamos en España para enterrar a nuestros muertos. Y cuando uno abre los ojos y se da cuenta de donde está, un escalofrío recorre la espalda. De todas formas, todo hay que decirlo, este nicho es cómodo y, como no podía ser de otro modo, escandalosamente barato para tratarse de Tokyo. Por unos 2200 yenes, al cambio unos 20 euros, puede usted sentirse como sus antepasados en su descanso eterno, al menos por una noche. A cambio de eso el hotel está en una zona no demasiado céntrica pero cerca del barrio de Asakusa, cuna de una de las imágenes más típicas del más típico Tokyo: la enorme linterna roja en la puerta que da paso al templo budista, aunque en este caso primero te dan paso a una calle llena de tiendas. El templo después si queda tiempo.
Me comenta Masa-san que hace unos días hubo un festival en al barrio con fuegos artificiales; Hanabi en Japones, me gusta esa palabra que literalmente significa “flor de fuego”. Ahora hay un ambiente de resaca, quizás porque es Sabado, o quizás por el calor, y mientras perdemos 100 Yens apostando a las carreras de caballos en la tercera de Nakayama puedo ver las caras de la gente que se agolpa en la casa de apuestas. – toda esta gente no trabaja–, me dice Masa-san, y es que la crisis también ha pegado fuerte en Japón. Las salas de Pachinko están medio vacías, pero las casas de apuestas están a reventar. Nos vamos con la música a otra parte mientras a nuestra espalda se oyen voces animando al caballo perdedor.
Poco a poco me siento como Dante bajando a los infiernos, y mi guía me arrastra cada vez más a las profundidades de la masa humana que conforma esta urbe inmensa, infinita, a esa maquinaria implacable que nunca se detiene. Como te pares un momento te arrastra. En las puertas de nuestro viaje, la parte cándida de la maquina: el barrio de Akihabara. Masas de jóvenes con dinero fresco y cientos de tiendas donde te puedes encontrar  los más extraños artefactos del ocio actual, desde cartas de Magic descatalogadas a maquetas de Zero a escala, pasando por muñecas a tamaño casi real para satisfacer las fantasías eróticas de la juventud tokiota, mangas hentai debidamente censurados por algún burócrata de las altas esferas, muñecos de Ultraman, llaveros de Doraemon, Evangelion, FMA, series de los 70, héroes modernos fabricados en plástico de dudosa calidad. Como alguna imagen de Escher, las escaleras se entremezclan y las plantas de los edificios se confunden mientras miles de jóvenes satisfacen sus deseos de comprar el último tomo de tal o cual manga, mientras en la librería se acumula el polvo sobre algún libro de Kenzaburo Oé. Caras de felicidad rondan por las calles saturadas de hormonas en una de las zonas más jóvenes de Tokyo. Felicidad plastificada.
Por la noche cena con unos amigos mientras te sirve una muñeca vestida de Lolita y después Karaoke. Me sorprende como sólo cantan canciones de series anime, nada más. Me siento un extraterrestre cantado “Blowing in the wind” pero al final acabamos cantando todos “Allways look on the brigth side of life”. Una pequeña victoria. Por la noche el alcohol hace que me olvide de que dormiré en un nicho, apropiada metáfora.  Mañana descendemos al segundo círculo.
Después de comer en Asakusa nos dirigimos a Shinjuku. Si en Akihabara te puedes encontrar lo que quieras siempre que tu edad mental no supere los 20 años, en Shinjuku te puedes encontrar lo que quieras a partir de esa edad. Sin duda la sensación que uno tiene cuando sale a la calle es que se trata de un paso más allá. Se agolpan desde los restaurantes más japoneses donde puedes comer el tremendamente caro y venenoso pez Fugu, o carne de ballena, hasta las calles más macabras donde los miembros de la Yakuza vigilan su territorio, las putas se arreglan las medias llenas de agujeros con los brazos llenos de cardenales y los chaperos se te acercan para ofrecerte sexo a las 2 de la tarde, mientras en el tercer piso del edificio de enfrente están rodando una peli, a todas luces, porno.
En Tokyo todo lo que quieras, aquí lo tienes ¿quieres sexo y comida exclusiva?, Shinjuku; ¿quieres disfrazarte? Pues vete a Harajuku; ¿eres joven? Pues tu lugar es Akihabara; ¿quieres turismo típico? Pues a Asakusa; ¿Que te apetece comprar y tienes pasta? Pues no se a que esperas para irte a Ginza. Lo que quieras lo tienes. Y si te apetece ser de lo mas cool cuando vuelvas a casa no te olvides de decir que has estado en el cruce más famoso, casi más famoso que el de Times Square, el cruce de Shibuya, el ultimo circulo de nuestro viaje. Aquí se acumulan las tiendas de Ginza, los bares de Shinjuku y, por supuesto el Starbucks más famoso, con las vistas más emocionantes de todo Japón, mas aun que las vistas del monte Fuji. Siéntese, tómese un café y vea como la gente cruza la calle. Verdaderamente  emocionante.
Pero sobre todo la gente
15 millones de personas se agolpan en la urbe, y eso solo la ciudad de Tokyo, pues si te pones a sumar el área metropolitana la cifra se dispara hasta los 35 millones de personas, de las cuales 22 millones usan el transporte cada día. ¿Te has mareado?
Si te has mareado te recomiendo que te des una vuelta por el Kookyo, el palacio imperial, donde vive, lógicamente, el emperador de Japón, descendiente directo de la diosa Amaterasu, cuyo tataratataranieto fue Jinmu, primer emperador de Japon en el año 660 a.c. y del cual descienden todos los emperadores japoneses. Y, claro, una dinastía tan rancia necesita un palacio acorde con la genealogía y ese es el gran palacio imperial, que fue destruido en la segunda guerra mundial y vuelto a reconstruir años mas tarde. Dentro de sus jardines uno casi se olvida de que esta dentro de esa gran urbe. La modernidad aun no ha logrado traspasar el foso de 20 metros de largo y los altos muros de piedra, pero bajo los puentes, la hierba ha sustituido a las picas de madera. Ya no hay enemigos y el emperador Heisei, Akihito ya no debe repeler rudos samuráis de sus murallas. Ahora otro tipo de samuráis, estos con traje y corbata, son los que invaden y destruyen, pero esa es otra historia.
Sin embargo Tokyo no es, ni mucho menos, la primera capital del reino. La primera capital estable fue Nara, después de muchos años de capital itinerante. Y Nara es un perfecto contraste para Tokyo. Si este es el símbolo de la modernidad, aquella lo es de lo antiguo. Dentro de sus límites se agolpan 8 lugares patrimonio de la humanidad y quizá el más espectacular de ellos sea el Toodaiji, el edificio de madera más grande del mundo dentro del cual se encuentra el gran Buda Daibutsu.
Dentro del Toodaiji hay una columna con un agujero y se dice que quien lo atraviese alcanzara la iluminación. Lamentablemente para la mayoría de los mortales eso no es posible ya que el tamaño del agujero es tan pequeño que prácticamente solo cabe un niño. Aun así la gente se empeña en pasar a su través y quizás no se dan cuenta de que hay que ser como un niño para alcanzar la iluminación.
Otra opción es ir a Tokyo, al cruce de Shibuya. Hoy la iluminación solo se entiende en términos de Megavatios.
En la segunda noche en Tokyo duermo en algo que se parece más a un hotel capsula. Por la mañana me encuentro con la hora punta en los trenes. Caras soñolientas a las 7 de la mañana, caras apretadas contra los cristales de los vagones. Mientras atravieso la ciudad en el tren bala hacia Okayama puedo ver las riadas humanas que se dirigen al trabajo, o al colegio; ríos grises desembocan en altos edificios de oficinas y ríos blancos hacen lo propio en colegios. El tren acelera y a 300 Km/h me despido de la ciudad, hasta la próxima, espero. Cuando llego mi destino 4 horas después una pareja de turistas esperan la apertura de la puerta delante de mi. Se besan y de pronto me doy cuenta de que no había visto a nadie besarse ni en la cara en las tres últimas semanas. Leo en la mochila del hombre “XXI encuentro de la sociedad española de Otorrinolar…. Y me da la risa.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Cronicas Japonesas VI


Dice la leyenda que en tiempos inmemoriales el monte Daisen y el monte Fuji se disputaron el honor de ser la montaña más alta de Japón. Para solucionar el dilema decidieron suspender un enorme canal por los cielos desde la cima del monte Daisen hasta la cima del monte Fuji. Cuando vertieran agua esta iría hacia la montaña de menor altura. Cuando hubieron colocado el gigantesco canal vertieron el agua y durante un tiempo ésta no se decidía, pero al final se inclino hacia el monte Daisen. Pero el pobre Daisen no solo se llevó el chasco de conocer que era la segunda montaña de Japón, sino que además, cuando toda la enorme cantidad de agua que necesitaron llegó por fin a la cima arrastró rocas, piedras y arena, erosionándolo aun más y hundiéndolo más aun en la miseria.
De esta historia creo que podemos sacar al menos dos conclusiones: la primera, que en el pasado las montañas pensaban bastante más que hoy. La segunda conclusión es que detrás de toda leyenda hay un rastro de realidad y es que la realidad es que el monte Daisen es un volcán extinguido, que en invierno está cubierto de nieve y que seguramente en un pasado remoto entró en actividad mientras tenia nieve y provoco una inmensa inundación, quedando esta como base de la leyenda. Además el monte Fuji es un volcán DORMIDO, lo que significa que ahora mismo podría estar despertando y la mitad de Japón se iría a tomar viento, ceniza, lava y barro. En fin, es una idea bastante poco tranquilizadora, aunque tengo que decir que aun no he vivido ningún terremoto en el tiempo que estoy aquí, lo que no quiere decir, por cierto que hoy mismo haya uno. Como podéis ver, la vulcanología no es precisamente una ciencia puntera hoy en día
Y con esa idea en mente, las gentes de este país construyeron dos templos en las laderas del monte Daisen: un templo Shinto y uno Budista. Recordemos que en este país el Sintoísmo y el Budismo se entremezclan de una manera bastante curiosa.
El monte Daisen es ahora un parque nacional, pero también es pista de esquí, y tiene campos de golf, miradores… en fin, es uno de los sitios en los que no he encontrado turistas occidentales, y es que esta algo alejado de las rutas normales de Tokyo, Kyoto, Osaka, Nara, Kobe, etc. Pero los japoneses van en manadas de miles, y con razón, pues es un lugar excepcional en el que merece la pena quedarse un día por lo menos. 
No hay una manera efectiva, o al menos yo no la conozco, de transmitir la enorme paz a la que te expones cuando caminas por la senda empedrada que sube a los templos del monte Daisen. Uno tiene la sensación de que nada puede pasarle. Es uno de esos lugares llenos de energía, que realmente se puede sentir mientras caminas, dejada allí por los millones de personas que durante cientos de años han estado subiendo hasta los templos para pedir, rogar, rezar, clamar, agradecer, llorar, casarse, bendecir, suplicar, adorar, construir, morir…

Y cuando uno llega al primer templo, Budista, y toca la enorme campana, esta resuena brevemente pues la enorme cantidad de vida que rodea a los templos, casi una jungla, absorbe la llamada y hace que uno se sienta realmente pequeño. Después, un ascenso por un camino empedrado y algo peligroso debido a la humedad, nos lleva al templo Shinto, más arriba aun, más antiguo todavía, mas primigenio, donde una pareja está siendo sometida a un ritual que no comprendo, mientras el amable señor de la entrada nos indica que por favor esperemos 15 minutos.

En esos 15 minutos gente de todo tipo va llegando y realiza el ritual necesario: dos palmadas, una inclinación y una palmada.–La gente sube aquí para adorar al dios de la montaña– me comenta mi compañero, –pero no solo la montaña, sino también los arboles, los animales, las rocas…tienen espíritu–.  Antes de bajar me comenta que para los japoneses, el sonido de la cigarra evoca el silencio, así que en silencio descendemos la montaña mientras me invade la sensación de que todo el bosque está creciendo y puedo sentirlo, casi puedo ver como las raíces penetran bajo el camino, como los arboles crecen y las hojas buscan la luz, pero todo está en silencio y solo los cuervos y las cigarras lo rompen. Nuestros sonidos suenan apagados, mínimos, insignificantes.
Pero antes de llegar al final del camino, un pequeño sendero nos lleva, a la izquierda del principal, hacia un valle por el que el monte desagua cada primavera. Ahora solo hay un hilo de agua y muchas rocas, y podemos ver cientos de montoncitos de cantos en el lecho del rio. Cuando le pregunto, mi acompañante me dice que esos montones los han hecho padres para ayudar a sus hijos muertos a encontrar el camino.  – Este es un lugar triste–, me comenta. Parece una última suplica al dios de la montaña para ayudar a sus hijos en el otro mundo. Escriben sus nombres en papelitos que arrojan al rio para que la corriente los arrastre y estos caen por una ruidosa cascada, que en primavera se convertirá en una enorme catarata de rocas y barro, pero que ahora lo mas que lleva son los deseos de unos padres destrozados.
Mientras volvemos a la civilización hablando de lo cotidiano puedo ver, de nuevo, las nubes, blancas, elevándose inmensas en el cielo.
…Definitivamente no somos nada.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cronicas Japonesas V


Nunca pensé que podría ver aquellas nubes enormes, gigantescos cumulonimbos, blancos como nubes de algodón elevándose miles de metros, como los vi la primera vez en la película de Kurosawa “RAN”. Cada vez que veo esa película me fascinan esas enormes nubes blancas que enmarcan la cacería del jabalí que da comienzo a la cinta. Sin embargo, durante este fin de semana las he podido ver tres veces.
La primera durante la breve travesía en barco desde Miyajimaguchi hasta la isla de Miyajima, con su gran templo budista y la famosa Torii,  que es según dicen una de las vistas mas fotografiadas de Japón.  A parte de la visita, obligada, pues para eso fui a la isla, del templo, no pude evitar perderme por las estrechas calles del pequeño pueblo, por el que rondan los famosos “Shika”, ciervos que campan a sus anchas mientras los turistas sonrientes se hacen fotos a su lado. Me puedo hacer una idea de lo que piensan los ciervos, o quizá me hago a la idea de lo que yo pensaría si fuese uno de esos ciervos, y me da la risa.
Cuando camino por las calles de las ciudades japonesas he tomado la costumbre, (no muy recomendable en España), de irme por las calles con las cuestas mas empinadas, o las más oscuras y tortuosas,  pues al final de esos caminos suelen haber cosas interesantes. Algún día me llevare una sorpresa desagradable, pero por ahora todas las sorpresas son para bien.
Acabo de comprar una bandeja con una piña que tiene un aspecto fenomenal en una tiendecita donde una señora muy amable se sonríe al despacharme y cuando llevo unos metros andados miro a mi derecha y me encuentro con un ciervo custodiando la entrada a unas escaleras tremendamente empinadas. No me puedo resistir y, tras saludar al ciervo, casi pidiéndole permiso, me dispongo al ascenso de la primera cumbre del día. Algunas, como esta, tienen un templo en la cina; otras, sin embargo tienen un mirador en el que poder reposar.  

En uno de ellos me encuentro con un chico y mientras nos comemos la piña me comenta que es francés y que le cuesta un montón comunicarse con los japoneses, por suerte vive con una familia japonesa y ellos le facilitan la vida bastante. Nos ponemos a andar mientras conversamos y nos internamos en un bosque que sube por la ladera hasta la cumbre de la isla. A mitad de camino me despido de él. Supongo que haría buenas fotos desde la cumbre de la montaña pero mi camino iba hacia el mar, hacia la gran puerta. 
La marea esta baja, así que la puerta sobresale del fondo de la playa y sus negros cimientos de madera cuajados de bivalvos se secan al sol. Desde las montañas bajan riachuelos que pasan por debajo del templo y se dirigen hacia la puerta. Otros ríos, estos de turistas, también se dirigen hacia la puerta. La mañana es muy calurosa y hay mucha humedad, así que todo se ve ligeramente borroso, pero la puerta y el templo con su color naranja sobresalen frente a todo lo demás.  

A las 11 de la mañana decido que ha llegado el momento de regresar, y es una buena decisión ya que cuando espero al ferry de vuelta una marabunta de turistas armados con cámaras de fotos japonesas de última generación invaden como un alud el pequeño puerto de la isla. Cuando llego a Miyajimaguchi, interminables colas esperan a que un nuevo ferry los engulla, los digiera y los vomite en la isla. A tiempo, me voy a Hiroshima.
La segunda vez que veo las nubes es en el tren de Miyajimaguchi a Hiroshima. Hace un calor de mil demonios y cuando miro el mapa no me parece que este tan lejos mi destino, pero poco después me doy cuenta de que la ciudad es más grande de lo que imaginaba. De todas formas sigo andando, cruzando puentes y atravesando calles hasta que, después de lo que me ha parecido 40 días en el desierto, llego a la zona dedicada a la bomba. Por supuesto se que el tranvía me puede llevar hasta allí directamente desde la estación de tren, pero me empeño en andar llevando la contraria a mis pies doloridos.
Caminando por las calles de Hiroshima uno experimenta la extraña sensación de no estar en Japón. Al visitante acostumbrado a las típicas ciudades japonesas esta se le antojara diferente, demasiado poco de aquí. No tiene uno la sensación de que toda una ciudad, fue la zona cero hace 65 años porque cuando caminas por las grandes avenidas, cruzas los pasos de peatones o miras los altos edificios construidos en los años 60 o 70, cuando cruzas los puentes o hablas con la gente, o pides un plato de atún en un restaurante de “Maguro”; cuando haces todo eso, no piensas que caminas por la zona cero mas vergonzosa de la historia. Solo cuando llegas a la zona entre los ríos Honkawa y Motoyatsugawa, es cuando te das cuenta de que aquí ocurrió algo horrible hace no tanto tiempo
Hay una atmosfera sacra en toda la zona, desde la “cúpula de la bomba”, lo único que quedó en pie tras la detonación y que conservan apuntalado desde dentro, hasta el gran museo dedicado a los horrores de las armas atómicas. Una atmosfera que se rompe cuando ves a la típica japonesa de punta en blanco, con unos tacones estratosféricos  haciéndose una foto con la V de la victoria y sonriendo. Supongo que no se puede pretender que la gente acuda llorando a esos lugares. Lo que sí es exigible es que salgamos de allí aprendiendo algo y eso lo logran muy bien en el museo dedicado al suceso, donde se explican todos los pormenores, desde la situación de la ciudad antes de la bomba, pasando por el diseño de esta, hasta las consecuencias de la explosión.
Hiroshima es un símbolo no solo porque fue la primera vez en la historia que se usó una bomba nuclear sobre población civil; también sirve como ejemplo de cómo puede volver a empezar de cero, no solo una ciudad, sino un país entero, que quedó hundido como su flota naval y herido tan profundamente en su orgullo nacional que aun hoy se puede notar el sentimiento de derrota y resignación. No creo que lo hayan superado.
La tercera vez que las vi…lo dejare para otra ocasión.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cronicas Japonesas IV


No sé si más que a otra gente, pero a los españoles nos mola la cocina. Y si no que me digan a mí de que otra manera que no fuese en una clase de cocina habría conocido yo a los que probablemente son los dos únicos españoles que viven en la zona de Okayama. Ir a los bares también es una buena forma de conocer a algún español, pero los bares en Japón no son como los bares en España, la cerveza es más cara y los cafés…bueno, hay gente que a eso le llama café pero yo no; así que una clase de cocina es un lugar bastante lógico.

En la mesa de la cocina estamos tres españoles, dos chinos y la profesora de cocina que, lógicamente, es japonesa. Supongo que el resultado fue bastante bueno ya que nos lo comimos todo y además en silencio, lo que puede indicar dos cosas: o que estaba todo muy bueno o que no sabíamos que decir; en mi caso era por un poco de ambas cosas, afortunadamente para todos la profesora era una buena anfitriona y nos hizo hablar a todos.
Cuatro días después he quedado con Pablo, uno de los dos chicos españoles, para comer. Lo espero mientras acaba su clase de japonés, a eso de las 11 y media de la mañana. Cuando sale me comenta que iremos con unos compañeros de clase.
A mi derecha, un chico con apariencia de asiático o casi mas bien de indio americano, pero que cuando habla parece que te están echando un vaso de Whisky a la cara, y es que el chaval es de madre japonesa y padre escocés. Sinceramente, con mi inglés no me entero de lo que me está diciendo. Enfrente tengo a Pablo, que es de Valladolid y que se caso con una japonesa, que está a su lado y con la que tuvo una hija preciosa que ahora tiene un par de años. Al lado de la mujer de Pablo tengo a un señor de los Estados Unidos, que debe medir 1,90 por lo menos y que tiene un apretón de manos acorde con su estatura. Todos me han dicho su nombre varias veces, pero, es un problema que tengo siempre, no me acuerdo de ninguno excepto del de Pablo y porque me lo he estudiado antes de encontrarnos.  Definitivamente tengo que hacerme mirar mi problema con los nombres.
Hablando de nombres es un verdadero problema para un foráneo saber donde se está en cada momento ya que las calles de las ciudades, excepto las principales, no suelen tener nombre, ni siquiera número, y la gente se guía por los distritos y toma como referencia los códigos postales y en último termino los edificios más importantes.  Además en la puerta de las casas está escrita la dirección postal para que no quede ninguna duda.


 Lamentablemente para los aventureros no es tan fácil perderse como uno podría imaginar. Bueno, hay gente que se pierde en su propia ciudad, pero yo me refiero al viajero estándar con algo de sentido común y de la orientación. Y es que parece que te vas a Japón y te vas a la otra punta del mundo y eso ya significa que te vas a otro planeta o algo así, donde no saben escribir ni leer, ni te van a comprender y vas a estar perdido y desconsolado, pero son gente como tú y como yo y en las ciudades, como en Murcia o Madrid o la que sea, te sueles encontrar los típicos mapas de la zona, muy completitos donde te dice eso de  “usted está aquí”, o su equivalente en ideogramas, que no se entienden, pero con una flecha roja que lo aclara todo.
Si Cristóbal Colón se hubiese encontrado uno de esos al desembarcar en Guanahaní, fijaos lo que nos hubiésemos ahorrado. El buen señor desembarca y dice aquello de “tomo posesión de estas tierras en nombre de sus altezas el rey Fernando y la reina Isabel, y para que conste, nos encontramos en la isla de guananahana.., bueno en La Española…, y mirad chicos, si giramos a la derecha y luego segimos recto vamos a Cuba, ea vamos”

martes, 31 de agosto de 2010

Cronicas Japonesas III


Cuando uno piensa en un prototipo de turista seguro que a más de uno se le ocurre un japonés con su cámara de fotos disparando a diestro y siniestro cual francotirador. Por eso no deja de resultarme raro el que esté en Japón, más concretamente en Kurashiki, comportándome como uno de esos turistas japoneses. Bueno, al fin y al cabo yo también soy un turista y en el fondo todos los turistas acabamos haciendo más o menos lo mismo. Kurashiki es una ciudad bastante turística del sur de Japón, sobre todo para los propios japoneses, que se acercan en masa, principalmente en verano. Así que pocos éramos los turistas extranjeros que estábamos en esta ciudad; pude ver a unos cuantos angloparlantes y un pequeño grupo de españoles.
Le comentaba a Takuya, un reciente amigo, que para los japoneses no debe ser muy extraña la ciudad, aun siendo antigua y con las típicas casas japonesas de madera y me extrañaba que acudiesen en masa a verla, pero ciertamente nosotros también visitamos nuestras ciudades aunque no nos resulten pintorescas ni exóticas. Ciertamente el turismo de la ciudad está dirigido más al visitante nacional que al extranjero, aunque eso no debe echar por tierra la idea de visitarla ya que merece bastante la pena. Tiene un casco antiguo digno de ver y muy bien cuidado, con bastantes tiendas de artesanía local, cerámica sobre todo, y unos puestos de dulces y otros artículos locales muy majos. Yo me hice con unos o-hashi, palillos para comer, muy bonitos y que funcionan muy bien.
Hay un templo que merece ser visto, dedicado, sobre todo pero no sólo, a la diosa Amaterasu. Mientras subíamos una escalinata en la parte de atrás del templo dejamos a nuestra izquierda un cementerio y mas allá la ciudad actual, mientras a nuestra derecha un alto muro y unos más altos arboles nos flanqueaban el camino, cuando Takuya comentó que “a la izquierda la obra del hombre, a la derecha la naturaleza: así es Japón”. Nada que añadir
Le comentaba a Takuya que en España nadie quiere vivir cerca de un cementerio pero que aquí la gente vive sin problemas a su vera. El día anterior lo había comprobado mientras daba un paseo en bicicleta con Thanh, una chica vietnamita, por los alrededores del campus de la universidad de Okayama. Ciertamente eso demuestra una muy sana espiritualidad y una madurez con respecto a las fuerzas de la naturaleza. En España y en la mayoría del mundo occidental casi se teme a los muertos, más que respetarlos.
Suele ocurrir que en los grandes templos hay una zona pequeña,  apartada, que suele ser más especial que las demás. En este templo de Kurashiki hay una pequeña área acotada, de unos 4x4 metros con un pequeño altar de ofrendas en la parte de delante. Cualquiera que pase por delante no le dará la mayor importancia, pero resulta ser lugar exclusivo reservado para el emperador; y la razón es ni más ni menos que está orientado al Este y dado que la diosa Amaterasu es una diosa solar resulta obvio que el lugar por el que el sol se alza cada mañana sea el lugar más sagrado del templo.
Hay por supuesto  una gran cantidad de pequeños templos dedicados a otros menesteres y por supuesto el edificio principal, que es donde se realizan los oficios religiosos. Sin embargo no me deja de sorprender como son los pequeños rincones los lugares más interesantes: un señor rezando frente a una piedra con unas ofrendas, bajo la sombra de un árbol es una de las mejores imágenes que tengo de ese día. Mi buen guía me recomendó que no lo grabara así que le hice caso y esa imagen junto con las plegarias a viva voz y el canto de las cigarras las guardo en la memoria a buen recaudo.

viernes, 27 de agosto de 2010

Cronicas Japonesas II


Definitivamente hay leyes en el universo que son inmutables ya sea en Murcia o en Okayama. Cuando vas a un sitio en bicicleta y el viento esta en tu contra, inevitablemente al volver seguirá estando en tu contra. Eso mismo pensaba hoy mientras me dirigía al centro de la ciudad, y mis temores se confirmaron a la vuelta. Afortunadamente esta ciudad es bastante llana y la bicicleta es el mejor medio de transporte por aquí, hay miles y miles por todas partes y mires donde mires siempre hay gente en bicicleta.
Otra de las cosas que no cambian son los planchazos interculturales, como cuando llegas a un restaurante japones en España y  te lo encuentras regentado por una familia de chinos de la provincia de shichuan o como cuando vas por el centro de Okayama y te encuentras con un restaurante español y cuando entras no entienden ni papa de español, mucho menos de ingles y acaban deshaciéndose en reverencias, compungidos por la vergüenza, mientras tu te vas pidiéndoles también perdón mientras piensas que era solo un espejismo producido por el calor.
Como decia las leyes del universo no se suelen violar y, efectivamente, otra de las grandes leyes que nunca fallan es que cuando haces un viaje largo y en el medio de transporte en el que lo haces, que suele ser barco o avión, dispones de un suelo amplio, al final acabas en el suelo durmiendo. Y si no que se lo digan a esa pareja de japoneses (y no es un chiste) que en el trayecto Helsinki-Osaka, mientras sobrevolabamos las inmediaciones de la frontera ruso-mongola decidieron que alguien debería usar ese acolchado suelo, y el marido, muy educado el, decidió que ese suelo era suyo y planto la bandera nipona, mientras que para la mujer dejaba el dudoso honor de poner los pies sobre su dolorida espalda. Como no podía ser de otra manera, poco después de sobrevolar Ulan-Bator se dio cuenta de que ni ese suelo era tan mullido como pensaba ni los pies de su esposa pesaban tan poco como imaginaba, así que vuelta al asiento.

Afortunadamente alcanzamos el sol cuando ya quedaba poco para dejar atrás Pekin, así que todos olvidamos a nuestras doloridas espaldas y volvimos a la realidad del desayuno, nunca mejor dicho, intercontinental de Finnair, que afortunadamente no tiene nada que ver con un desayuno de sushi y te verde como el que esta mañana me he comido; nunca hubiera imaginado que sintiera tan bien desayunar pescado crudo y arroz aunque me sigue costando olvidar el café con leche y el croissant de por las mañanas. En fin, donde fueres haz lo que vieres así que de café nada, aunque me han dejado muy amablemente una cafetera con una bolsa de café de Colombia y un paquete de dulces que aun no he probado, mas que nada porque olvide comprar algún vaso. Mañana iré.
Tienen Murcia y Okayama algunas cosas en común: el calor sofocante, la buena comida y la cerveza, si, la cerveza, que no es la murciana Estrella de Levante sino la japonesa Kirin, que según me contaba el camarero de un bar al que entre esta mañana, hacen en la ciudad con agua de la zona. Los mismico vamos.
No me quiero olvidar de aquella barbacoa de la que tenia tantas dudas; pues bien, casi todas ellas fueron contestadas: definitivamente no tengo ningún inconveniente en sustituir los castizos chorizos y morcillas por la nipona carne de kobe a la brasa, que es sin duda un manjar tanto a la vista como al gusto. Lo de “casi” lo digo por el pan, que no es que no haya, pero es que no se suele comer y ya que me gusta seguir esa máxima de “donde fueres haz lo que vieres”, pues nada, fuera pan.
Sea como fuere, la carne de kobe se puede ir a paseo si la comparas con la enorme variedad de pescado que se come por aquí.  Pero eso lo dejo para otra ocasión, que en cuestión de comida aun tengo que investigar mucho.
Hasta la próxima

jueves, 26 de agosto de 2010

Cronicas Japonesas


Mientras me como los fideos con marisco que he preparado para desayunar me viene a la mente lo que, con cierta melancolía, me comentaba un amable señor en el tren de Osaka a Okayama –la gente mayor come mucho pescado en Japón, pero las nuevas generaciones solo comen carne –.
Ciertamente las nuevas generaciones siempre cambian lo que hacían sus padres, pero en un país como Japón, donde los contrastes son tan grandes, la sensación de brecha generacional se convierte en un Valles Marineris generacional.
A los japoneses les mola la piedra, y si no a ver como se explica que si preguntas a 1000 japoneses que es lo que mas les ha gustado de España, 999 te dirán que Toledo y ese que falta es que no se ha enterado de la pregunta, tu explícasela y te dirá Toledo. Y eso mismo me decía una señora en el vuelo Madrid-Helsinki, o al menos eso fue lo que le entendí, porque de ingles la señora ni papa. Había estado en Barcelona, Madrid, Córdoba, Ronda, Granada...vamos una vuelta a España, que seguro que se habían hecho en una semana, a correprisa y vamos, vamos que ahora estamos en Madrid pero en 15 minutos la alhambra tiene que estar vista y explicada. Pues si, la señora estaba emocionada con el Guernica, y con Toledo, como aquel señor del tren de Osaka, que estaba deseando ir a España a ver Gaudi, que le apasiona al hombre. Y es que el japones es un ser de costumbres, pero no el único, pues después de decirle que todos los japoneses van a Toledo pero que pocos van a San Sebastian el señor me decía que todos los extranjeros van a Tokyo pero pocos a Fukuoka. Y tiene razón
Lo que no varía, salvo alguna excepción rara, es que el japones, ya tenga 18 u 88 años, es que son buena gente. Y no me refiero a eso de que majos son, que si, es que son sanos, no tienen malicia y siempre están dispuestos a ayudar y a comunicarse. Ahora recuerdo cuando subía a un ascensor en la estación de Osaka y un hombre me decía que mi japones era muy bueno, ya ves, que solo le había dicho buenos días y poca cosa mas; pero es que ellos están acostumbrados al angloparlante, que es que te partes cuando hablan cualquier idioma que no sea el suyo. Nosotros lo tenemos fácil con el japones.
Pues como decía si son buena gente. Ayer por la tarde, después de llegar del aeropuerto me llevaron de tiendas,a conprar comida, un cazo, un poco de champú, que si hubiese ido solo me estaría lavando la cabeza con fregaplatos, en fin, esas cosillas que se necesitan día a día. Por supuesto compre un cuenco y palillos, además de una buena botella de te verde japones, que creo que podría estar bebiendo hasta el fin de los tiempos y de hecho no paro de beberlo.
Cuando llegue a la estación de Osaka y me di cuenta de que quería morirme del calor que hacia, me fui directamente a un puesto de esos en los que venden de todo y me compre lo primero que pille: una botella de te verde, ya ves, sera como el nestea o algo así; pero cuando me lo eche a la boca se me calleron un par de lágrimas de la emoción pues no llevaba azúcar, tan acostumbrados que estamos a los refrescos azucarados, o con edulcorante y aquí han respetado el te verde, como no podía ser de otra manera. Son así
El calor en el sur de Japón es así como el doble que en Murcia: 30 grados a las 9 de la mañana y con un 90% de humedad. A las tres de la tarde quieres hacerte el harakiri  y por la noche estas para pedir la cuenta y volverte a casa. Afortunadamente hay aire acondicionado. Yo que soy un irreconciliable enemigo del aire acondicionado, ese diablo malvado que nos invade...pues aquí es mi mejor amigo, lo quiero y lo respeto. Vivir para ver.
A parte del calor aquí hay bichos que parecen venidos del carbonífero. Esta mañana, después de descansar el jet lag, me he despertado a las 5 y hacia una mañana muy buena, húmeda pero con una brisa agradable y buena temperatura, asi que me he cogido la bicicleta que me han dado y me he ido a explorar la zona, y cuando iba por una calle miro a mi derecha y me veo una libélula adelantandome con las luces largas y dando los intermintentes,que solo le ha faltado darme los buenos días, que le faltaba hablar de lo grande que era. Y es que en este país se vive codo con codo con la naturaleza, no tienen mas remedio y además no les importa. Durante el siglo 15 hicieron de este país un desierto practicamente y en el siglo 16 uno de esos shogunes, reyes militares de la época, con bastantes luces, decidió que eso no podía ser y replantaron todo el país de manera que todos los bosques excepto algunos en el norte y pequeñas zonas de montaña, son bosques de repoblaciones de la época. Y se lo tomaron tan en serio que aquí siguen los bosques, por la cuenta que les trae además, porque imaginaos todos los que son con un país árido, y además sin petróleo, ni otras materias primas, pues un desastre. Afortunadamente son gente lista y saben lo que deben hacer para conservar su país. Viven dentro de la naturaleza. En una ciudad como esta te encuentras canales de agua a un lado de la carretera, como los azarbes de Murcia, pero a lo grande y no aislados sino con las casas de la gente en la misma ciudad. Por supuesto las grandes ciudades no son así aunque Okayama es mas grande que Murcia.
En fin, mis primeras 24 horas en Okayama casi han terminado y las primeras impresiones son bastante buenas. Ahora son las 7 y media de la mañana y aun corre algo de brisa pero ya se vislumbra la calorina. A eso de las 9 iré al laboratorio a ver que me cuentan. Esta tarde al parecer hay una barbacoa, no se si aprovechando que vengo yo o por costumbre. De cualquier manera estoy deseando ver (y aquí tengo que sacar al manchego que llevo dentro) como se las apañan para hacer una barbacoa sin chorizos, morcillas y pan, porque cerveza si tienen y muy buena. En fin ya os contare.

sábado, 14 de agosto de 2010

Haiku Veraniego

大木を見てもどりけり夏の山

Taiboku o mite modori keri natsu no yama

Me di la vuelta para mirar aquel árbol y te vi: monte de verano


La proxima entrada espero que sea desde Japón. Espero tener una conexion a internet estable. Feliz verano a todos

miércoles, 4 de agosto de 2010

Japón

Bueno amigos, definitivamente a partir de la ultima semana de agosto y hasta la ultima de septiembre me piro a los Japones. Asi que espero poner alguna entrada sobre el tema in situ, vamos, en todo el mogollón. Tengo muchas ganas de irme asi que ya ire contando algunas experiencias.
Saludos a todos y nos vemos en Japón

sábado, 17 de julio de 2010

Haiku caluroso


行々てここに行々夏野かな

Yuki yukite koko ni yuki yuku natsuno kana

Ando y ando por la estepa estival, y ando, y ando…


Que paséis buen verano (y buen invierno a vosotros, lectores del hemisferio sur), tanto los que os vais de vacaciones como los que os quedáis trabajando o sencillamente en casa. Por aquí en España ya estamos en pleno verano y vaya si se nota. En Murcia estos días ya rondamos los 35ºC a la sombra con un 70% de humedad relativa, un pequeño infierno húmedo

jueves, 1 de julio de 2010

Waka


瀬をはやみ
岩にせかるる
滝川の
われても末に
あわむとぞ思う

Se wo hayami
Iwa ni sekaruru
Takigawa no
Warete mo sue ni
Awamu to zo omou

Aunque la rápida corriente
Se divida por las rocas
Que retienen su feroz curso
Sé que las aguas retornaran
Para unirse de nuevo


domingo, 20 de junio de 2010

Haiku


みじか夜や足あと浅き由井の濱

Mijikayo ya ashi ato asaki yui no hama

Breve anochecer, breves huellas en la playa de Yui


Hace unos dias retornamos brevemente a la primavera, para asombro de muchos poco acostumbrados a la lluvia, pero parece que el verano ha venido para quedarse, por fin.
Y con este llegamos al Haiku número 70 y espero que aun queden muuuchos mas.