viernes, 3 de septiembre de 2010

Cronicas Japonesas IV


No sé si más que a otra gente, pero a los españoles nos mola la cocina. Y si no que me digan a mí de que otra manera que no fuese en una clase de cocina habría conocido yo a los que probablemente son los dos únicos españoles que viven en la zona de Okayama. Ir a los bares también es una buena forma de conocer a algún español, pero los bares en Japón no son como los bares en España, la cerveza es más cara y los cafés…bueno, hay gente que a eso le llama café pero yo no; así que una clase de cocina es un lugar bastante lógico.

En la mesa de la cocina estamos tres españoles, dos chinos y la profesora de cocina que, lógicamente, es japonesa. Supongo que el resultado fue bastante bueno ya que nos lo comimos todo y además en silencio, lo que puede indicar dos cosas: o que estaba todo muy bueno o que no sabíamos que decir; en mi caso era por un poco de ambas cosas, afortunadamente para todos la profesora era una buena anfitriona y nos hizo hablar a todos.
Cuatro días después he quedado con Pablo, uno de los dos chicos españoles, para comer. Lo espero mientras acaba su clase de japonés, a eso de las 11 y media de la mañana. Cuando sale me comenta que iremos con unos compañeros de clase.
A mi derecha, un chico con apariencia de asiático o casi mas bien de indio americano, pero que cuando habla parece que te están echando un vaso de Whisky a la cara, y es que el chaval es de madre japonesa y padre escocés. Sinceramente, con mi inglés no me entero de lo que me está diciendo. Enfrente tengo a Pablo, que es de Valladolid y que se caso con una japonesa, que está a su lado y con la que tuvo una hija preciosa que ahora tiene un par de años. Al lado de la mujer de Pablo tengo a un señor de los Estados Unidos, que debe medir 1,90 por lo menos y que tiene un apretón de manos acorde con su estatura. Todos me han dicho su nombre varias veces, pero, es un problema que tengo siempre, no me acuerdo de ninguno excepto del de Pablo y porque me lo he estudiado antes de encontrarnos.  Definitivamente tengo que hacerme mirar mi problema con los nombres.
Hablando de nombres es un verdadero problema para un foráneo saber donde se está en cada momento ya que las calles de las ciudades, excepto las principales, no suelen tener nombre, ni siquiera número, y la gente se guía por los distritos y toma como referencia los códigos postales y en último termino los edificios más importantes.  Además en la puerta de las casas está escrita la dirección postal para que no quede ninguna duda.


 Lamentablemente para los aventureros no es tan fácil perderse como uno podría imaginar. Bueno, hay gente que se pierde en su propia ciudad, pero yo me refiero al viajero estándar con algo de sentido común y de la orientación. Y es que parece que te vas a Japón y te vas a la otra punta del mundo y eso ya significa que te vas a otro planeta o algo así, donde no saben escribir ni leer, ni te van a comprender y vas a estar perdido y desconsolado, pero son gente como tú y como yo y en las ciudades, como en Murcia o Madrid o la que sea, te sueles encontrar los típicos mapas de la zona, muy completitos donde te dice eso de  “usted está aquí”, o su equivalente en ideogramas, que no se entienden, pero con una flecha roja que lo aclara todo.
Si Cristóbal Colón se hubiese encontrado uno de esos al desembarcar en Guanahaní, fijaos lo que nos hubiésemos ahorrado. El buen señor desembarca y dice aquello de “tomo posesión de estas tierras en nombre de sus altezas el rey Fernando y la reina Isabel, y para que conste, nos encontramos en la isla de guananahana.., bueno en La Española…, y mirad chicos, si giramos a la derecha y luego segimos recto vamos a Cuba, ea vamos”

1 comentario:

jar dijo...

Muy bueno, Jose.

No te preocupes por no entender al escocés. Es lo mas normal del mundo, por eso será que se quieren independicar del Reino Unido, no les entienden nadie, y tampoco ellos lo quieren hacer... En fin, están locos estos escoceses.

La cocina es un arte, y es una cosa muy simple y muy complicada a la vez, ya que con unos ingredientes, cazuelas y fuego, puede salir un plato digno del manjar de un rey o si te descuidas un poco, algo que no se lo comen ni los cerdos hambrientos y el mismo plato a unos les puede encantar y a otros repeler... ¡Que paradoja es la cocina!

Pues ya sabes Jose, cuando lleques acá, cantaremos eso de ... "Cocinero, cocinero, enciende bien la candela y prepara con esmero sushi y un filete de kobe... "